jueves, 12 de mayo de 2016

ESPEJO ABIERTO



Las voces se rozan a cada instante
ese juego incesante de ir y venir
entre nosotros
buscando saciar
esa sed que las embate.

Una sobre otra se deslizan sin mezclarse
produciendo una luz invisible
cegadora
que las embala
que las contrae
y no combaten.

Ese aroma que sueltan los vocablos al hendirse
es tan tenue
que se rompe al contacto de la vista.
Sentir que los verbos se decantan
sobre el espejo liso que electriza
buscan el sonido que dejan al caer
-ese bullicioso ruido-
que hace la piel efervescer.


Los artículos nadan para evitar asfixia
se fijan unos contra otros
para salvarse
y no zozobrar
en esa música húmeda
tan intima.

Y entonces
las silabas se acarician
sin poder eludir
se desbaratan para hacer
nuevos vocablos
pareciera ser
que los fonemas
van más aprisa que nosotros.

Se enlazan y abigarran
formando nuevas revelaciones
que los ojos traducen sin dilación
dando vida a las muecas
escindidas en el rostro
provocando al salir de tu boca
fonos decapitados
crujidos de hoguera
quejidos indecibles
que logran incendiarse
dentro del oído.

Y la voz de fragua
renace de ese amasijo de enunciados
del sonoro huracán de los mil dichos
haciendo bramar a la sirena en cantos
en respuesta del aullido del fauno
que quedo libre
buscando laderas de cascadas
donde esculpir su llanto
lleno de vapor
y sin prejuicio.

Las dicciones ya son sustancia
pertenecen a otro elemento
se materializan sobre nosotros
en nuestros cuerpos.

Solo el seseo queda
cuando el labio impronta

el espejo abierto.

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