El bosque se dilata
su cóncavo recuerdo me domina.
He visto la materia
alada en sus ojos
la que vuela
la que triste
en la orilla de mi cuerpo
bebe.
Te reiteras insistes
reincides duplicas
en tu forma
y como decir que te detengas
no hay manera
no sé qué hacer con tantas
formas palpitantes
que cada rato salen
de las manos.
Doy por humedad
toda la saliva que dejas
seca en mi rostro
y se prolonga a la cocina
a la calle
a donde vayamos
es un fuego que no vaporiza
a pesar del sol sofocante
que pega en la tarde.
Te he repetido
ciento de veces
al borde del abismo ocular
en el espejo que me sucede
en el trapo sucio de la sala
en el parabrisas lleno de suciedad
y ni eso me calma.
Veo en la repetición
el absurdo
la concatenación de los espejos
la copulación de la palabra.
Veo también
la hora certera de la horca
la unción de la cama
con dos cuerpos.
Quemo los nombres
con incienso.
Existe una brújula dentro
que no entiende
créeme cuando te digo
que esto hierve.
La luz indecisa que sale
torpemente del sol
llega y he inunda
no ilumina por que mantengo
los ojos cerrados
y tdo sigue siendo
sombra sucias
noche desnuda
solo el ruido de las olas
me adormece.
Es un aventar de ondas de agua
una a una
en repetición constante
que nada las detiene.
Descendí al fruto
que fue roto antes
por otro.
Rehilete desmembrado
que tiene compostura.
Escultura que con lluvia
toma dureza y madura.
Busto sin llamas escandalosas
que entibia la boca del sediento.
Te repito
como un eco encadenado
que termina
en nunca.
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