sábado, 17 de noviembre de 2012

DAPHNE (9)


(No te puedo cambiar a Berenice)
te estuve esperando en Balderas
llegas dos horas tarde
tres rosas me mantuvieron con vida
durante los últimos treinta años
que sostuve con las manos
y espere para encontrarte.

En estos casos no odio las casualidades.

Te busque debajo de la noche
que deja las sombras
atrás de las manos que acicalan los cabellos
que me caen en la cara
en la traquea de los concubinatos
en la imagen que me deja el tren
que viaja rápido
en los cuerpos sometidos a la extranjeridad
de la vida.

Escudriñe en el perturbado
            mediodía de mi cuerpo
en las horas almacenadas
            y que alcance ahorrar
            cuando nadie me veía
no bastaba rastrear
            atrás de los espejos
            que eructan los objetos que observan
no bastabas en tu mundo
            bastabas en el mio
            y eso es suficiente
por eso la cacería fue implacable
por eso inquirí incesantemente
atrás de todo lo que me ahogaba.

Llegas por fin
empujada por la gente
la escalera subía
no te vi
             de repente
fueron tus manos
que taparon mis ojos.

ERA I


Pero
quien había nacido en ese entonces?
es posible que fueras partícula de luz
polvo de la cosa oscura de la noche
mineral lejano indisoluble
átomo amoroso incorporándose
sencilla
dulcemente al corpúsculo de aquel
hidrogeno impúber e incipiente
que formaría apenas
parte de un ojo
con el que ahora me miras?

Y yo
tal vez - solo tal vez -
otra partícula
            entre el gúgolplex de pizcas
            que habitaban cerca de ti
proveniente de algún meteoro
            que se estrello en la masa.

En aquel entonces
donde aun la nada era nada
y la soledad y el frío
            vivían en concubinato
            para luego divorciarse
tuvimos que estar necesariamente juntos
tal vez por algún tiempo
tal vez solo un instante.

INSTANTE


Un instante
relámpago de nieve
crujido de una luz
            que se descompone en hombre.

La casa que habito
es para irse
            en cada amanecer
de noche
            es un puerto
donde hay marinos y sirenas
            disputándose
            la bruma imposible.

Hay una quemadura
            que no me pongo
es dura y triste
fría y escaldada
algo así
como una soledad
            en el ángulo ciego de los ojos
un hueso solitario
viviendo en contra del viento
            dentro de una roca.