sábado, 20 de octubre de 2012

ENERO I



Amanece.
El frío cobijado
bajo los ojos
simula estar
entre las mantas
Son nieve real
nuestras palabras
y me despierto.

La ventana
como un gran ojo desnudo que me mira
vislumbro al sol
con su gran curvatura que no llega.

Hoy es enero
no llueve
porque la hora decantada
no se ha anunciado todavía.

No hay pájaros de enero
quedaron solo
sus trinos y peleas
adosados en los muros.

Los perros
y sus ladridos de frío
se escuchan
como un desliz del hielo
sobre el piso del pasillo.

Hoy es enero
y el frío
es un sordo a mis quejas.

NADA CABE


Nada cabe
            en el aire.
Suena el festín
de helicópteros
por la tarde.

Los perros aúllan.
Anuncian una alegría
            que nunca llega
es la palabra que se desmorona
            cuando camina
arena que empuja la piedra
            y duele en la orilla.

Todos los números se enredan
y me dan una fecha
parecida muy poco a un calendario.

La hora y fecha precisa
se convierten en un amasijo de letras.
Ahora son espacio
parvada del tiempo
que escapa de los ojos.

No te escucho
pero siento tu beso
quebrándose en los labios.

Sé que regresas
porque veo tu espalda caminando
hacia mi
como un espejo.

Me observo
pero no veo tu rostro
solo un profundo cardumen
que se aleja.

HELICOPTERO



Salgo
es de mañana.

El sol apenas si asoma
            su gran pestaña de luz
            asombrada.

Un helicóptero
            como ave sin ruido
sobrevuela la orilla del río
            que imagina en el aire.

Se mece como jugando
            al vaivén que simulan
                        las aves
            que cruzan la calle.

No puede disfrazarse
            el cielo no es verde
como los recuerdos.

Luego sueño
            sin soltar el volante
cuando tenia pedazos de Nicaragua
en mi territorio de adolescente.

Somoza y sus tigres.
Estelí y sus barricadas.
Obuses sobre Chalatenango.
Masaya me licuo la sangre.

Pedazos de carne
            que pasaron por el verde
montones de cuerpos
            sobre los adoquines
untados en aceite
            para encender un fuego
son un faro
            que nos guían
actualmente.

martes, 16 de octubre de 2012

GRITO II


Lo que sale de la boca
es una sed que no alumbra
tiene un brillo insuficiente
de arena.

Cerrar los ojos en el preciso grito
que sale de tu nombre
muro de arena derramada e interminable
enorme acantilado de la costa
donde el agua y su orilla marean.

Rayo que llega a la diestra
sombras que la transparentan.

Grite a todos los mapas
tatuados del cuello a la rodilla
escandalice al gato en el oído
hasta que se le cayó el pelo de sordo
al agua fría que se te pega al sombrero
al témpano de fuego
bajo la camisa
a la palabra siempre
que siempre es siempre
aun cuando se desvista.

Le grite
al colmillo del pájaro
y a su sangre de amapola
a todas esas cosas
voladoras sin pescuezo
al peñasco solitario
lleno de miedo
al olvido
            hasta el cansancio.

Grite a la ventilación del techo
al esqueleto insoportable
que sostiene el viento
al corredor de fondo
al caminador de falda
a la noche diluyente de la sombra brava.

Grito para no correr.

Le grite al muro
que cese de desmoronarse
en ese interminable flujo
de caer  y caer
y nunca caerse
que habitualmente tiene la locura
al suspenso que suspende
le grito a tus ojos que dejen de verme
pero también les grito para que me vean
a tu oído para que no escuches
y mas alzo la voz para que me entiendas
le grito también a la venda
que te cubre la herida
a los labios que tiemblan
mas de miedo que de llanto
le vocifero al corazón
para que se detenga
al vidrio que de tanto que te mira
se transparenta
a tu puerta para derribarla
al escandaloso ruido hormonal
que me causa tu mano
sobre la cabellera
le bramo a la ceniza
a la bruma
            para que desaparezca.

GRITO I


Desmaraño sonido desérticos
que tu boca suelta.

Tu nombre fragua en la garganta
en muro de concreto
y me resigno.

Levanto deshechos en la calle
eco hecho añicos 
carne sin hueso
que dejas al colisionar.

Existe vacío
en este maridaje frutal
del castillo de Liria
y sus largos corredores
húmedos         fríos
donde nada se oye.

Espero.
Destrozo la oquedad donde no hay nada
incesante repite en su propio eco
nadie
nada.

Espero en la búsqueda
que me doy como regalo
y solo hay caída.

Espero
con otro nombre diferente a precipicio.

Antes eras Helena
hoy Victoria.

Cambias de nombre
y no te encuentro
te busco en las grietas
que deja el sol viejo
entre los rostros.

Hay sequedad en esta espera.
El retorno de  Helena no es posible
y ojala Daphne la encuentre
en cualquier lugar
en otra gente.

Victoria ondea su coraje
Pasea descalza de cuerpo
sobre brasas de invierno
que olvido el otoño.

He dicho buenas noches
y no respondes.
Grito tu nombre
y corre el frío.

Estiaje que corre entre cenizas
te llamo y alzo el polvo
que hay en los peldaños. 

Los dientes no se cansan
se han desgastado en el concreto
sufren de un dolor duro
al pronunciarte.

Repito el grito erosionado 
hasta que los ojos brotan del consumo.

Espero
busco a Daphne.

Su rostro es bugamvilia
que devoran caracolas
y ya es tarde
visualizo un sepulcro
tenue
en la neblina cansada de la espera.

Solo Daphne
muerde la oquedad
que hay escondida en el concreto.

Victoria
se desquebraja en su nombre
en su negro nombre
que baja por el cuerpo.

Hoy estuve en el solsticio
del infierno
en las mazmorras del castillo
en la zona oscura mas olvidada de la espina.

Se que vendrás.
Lo dijo el grito del concreto
en su derrumbe
el ruido que produce
la escarcha de la noche
en los bolsillos.
También lo mencionó
el murmullo como grillos
de la brisa clavada
en el epíteto del tiempo.

Se desbarata el cuerpo
para hacer espacio
para abrir un hueco.

Intento reconstruir
todo esto de los gritos
pero sin lograrlo.

DAPHNE (8)


Daphne
no he podido aliviar
esta rara enfermedad
que a los de tierra da.

Son fogazos
quemándome la boca
calamares heridos
            incendiándose en el mar
gritos que le gritan a los gritos
déjense venir como de rayo
para que lleguen a llagarme
a quitarme estas cutículas de fuego
que hacen hervir
las yemas de los dedos.

miércoles, 10 de octubre de 2012

TODO SUCEDE


 

Todo sucede

el viento en el abanico

            cuando lo prendes

el ruido de las pisadas

            cuando caminas

la luz en la retina

            cuando se enfurece.

 

Ella dijo

quiero ver el mar

cuando mis ojos se cierren.

 

Aun no se ha doblado

la recta que hace al cuadrado.

CONQUIƵTADOR


 

Dormí

sobre la línea

que deja

el sonido de un disparo.

 

Los juegos fueron

pólvora entre las manos.

 

Un casquillo vacío

fue toda mi hambre

y la de mis hermanos.

 

Mi techo

un cielo agujerado

que lo aquejaba el viento.

 

Las rodillas desnudas

conocieron la tierra

desde muy temprano.

 

Mis sueños eran pedazos de pan

en el almuerzo.

La noche

un agujero negro que espera.

 

Ante tantas carencias

empuñe el cuchillo

asalte certezas

arranque sueños

de los bolsillos.

Me traje sustos

que no eran míos.

 

Estuve oculto

tras el muro que dan los años.

Preso en mi conciencia

pero el hambre

me dio las fuerzas.

Ahora tengo un relámpago

para dar luz

y alumbrar mi negro camino

todavía.