Nada cabe
en el aire.
Suena el festín
de helicópteros
por la tarde.
Los perros aúllan.
Anuncian una
alegría
que nunca llega
es la palabra que
se desmorona
cuando camina
arena que empuja
la piedra
y duele en la orilla.
Todos los números
se enredan
y me dan una fecha
parecida muy poco
a un calendario.
La hora y fecha
precisa
se convierten en
un amasijo de letras.
Ahora son espacio
parvada del tiempo
que escapa de los
ojos.
No te escucho
pero siento tu
beso
quebrándose en los
labios.
Sé que regresas
porque veo tu
espalda caminando
hacia mi
como un espejo.
Me observo
pero no veo tu
rostro
solo un profundo
cardumen
que se aleja.
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