Hoy es el equinoccio de enero
y han pasado tantas noches
sin un verso.
Te sigues quedando en el lugar
toda vez que recuerdo.
En el occidente de tus senos
recuerdo aquellas tardes lluviosas
de aquel verano seco.
En el noreste de tu muslo derecho
donde se pierde la noción del
tiempo
preferiste que me asustara un poco
y anduve sin rumbo lo que duro la
luna
hasta que tomaste mi cabello
con tus manos ambiguas de la noche
y pude reencontrarme.
Nunca supe
que el equinoccio de enero
tuviera tantos veranos.