Bosque
de fragilidades
aristas
Vidrio cristal cáscara
de sal
viento
que tumba
arrasa
nace la
nada
tras el
polvo que dejó el río.
Me petrifico
soy
primavera vendada
de mi
salen todas las noches
espesas aciagas ciegas
como
canto de pájaro ennegrecido
semilla
de luz que muere
justo
en la faz de la piedra.
Mar de
fuego encendido
luz en
vilo
todo
viene de tu vientre
centellas
transparentes
necesito
intoxicarme
sonido
de fuego invisible
corro
ciego y me borro
penetro
la piel del otoño.
Tu
cuerpo soleado
donde
me oficio
piedra
resonante
pedernal
transparente
flechas
de sombras
que
salen de tu arco de luz
atraviesan
la cortina de sonidos
que
hago con mis manos
al
dibujarte.
Tu
cuerpo mi navío
carcaza
de manzana envenenada
nado
entre dos ríos
prisión
extramuros ilimitada
vereda
minada de piedras
cuerpo
cuadrado cúbico
hace
agua en cada tumbo
ojos llanto piel
sudada.
Óyeme
es esa piel de agua
en esa
amalgama de entraña
que en
tu ombligo habita
deséame
toda el agua sagrada
que
traes consigo
mátame
en esa piedra del sacrificio
que
tienen tus pestañas
hazme
llama junto con el colibrí
que
asedia tus ojos buscando la miel
que me
has de derramar mañana.
No me
hagas cristal
por la
fragilidad del mar
mejor
coral volcánico
hiedra marmórea
gusano de acero
pájaro blindado
por si
la noche llueven saetas teflonadas
no
hagan tanto daño.
Ansiar
tu cadera buscar asirla
encontrar
la “O” escondida
llevarte
al abismo sin que lo supieras
correr
cuando
en realidad vamos cayendo
sentir
que vuelas
cuando
en realidad vamos cayendo al vacío
nos
fragmentamos en nosotros mismos
cuando
tocamos fondo.
No es
memoria lo que pongo
es un
corazón vacío el que tengo
adormecido
en la mano
que arrojo
al río dulce en el sendero
y que
termino siendo un mar muerto
abierto
vacío podrido de sal
donde
arden todos los veranos
y la
sed de la arena
que
grita en cada sonrisa que deja
cada
ola que irrita
la
costilla que duerme
en el
sueño del dolor que se aleja
en el
tumulto de árboles que dan frutos
como
cuervos y depositan sus acérrimas
plumas
sobre el cuello que yace degollado
a la
vera del camino que aun
espera
ser sembrado por
semillas
que dejan mariposas
en
capullos adormecidos en
las palmas
de quien las concibe.
En la
costilla del rayo me refugio
busco
una salida en su sonrisa
ansío
su mano de relámpago que
moje
mis entuertos secos de ausencia
que su
luz como cobija de madre
me
acaricie la voz de niño
que aun
mi piel conserva
que su
trueno me llame y convenza
de que
nací de su costado y no de su rodilla
y que
si no hablo la lluvia vendrá por mi
como
aquel día.
Busco
en la risa de la tormenta
el
puente del diente que me ha
de
comer que me ha de hacer trizas
que me
arranque las tripas para formar
un
arcoiris de tiesas mariposas
de
colores reflejadas en la orilla
del
lago de dolores líquidos que llevo
en
medio de este cuerpo diluido
en dos
que no se acaba de juntar
por
toda esta lava que siguen saliendo
del
bazo del timo que aun conservo
en
vestigios casi redrojos dentro
de esta
caja llamada tórax.
El
espejo de la sombra transparente
que
lleva el río encendido burbujea
bajo el
chasquido de la lengua muerta
y el
paladar que también esta
hendido
es un cañón donde las
aves
negras también vuelan a
pesar
de la luz de las velas que
empujan
el viento según sea su
destino
según sea
la
vereda o camino.
El
pájaro que vino del sol se disfrazo
de otro
animal rayado que rugue
cuando
esta solitario y en celo zarpa
y quema
con sus uñas de fuego con
sus
dientes de braza inicia incendios
donde
se hincan quema principalmente
cubiertas
de cuerpos que se creían
extintos
con apariencia de piedra
pómez y
tintura de acero.
Racimos
de fuego manzana que abraza
la
cáscara débil de coraza barca
rosada
donde me mecía y admiraba
absorta
la humedad de la tarde
la
lluvia tardecina la nube ahumada
que
mojaba el seco horizonte de mi
espalda
la luz que bajaba de mi
arcada
sembraba pinos abedules
arces
en este campo de batalla que
se la
paso tanto tiempo estéril y sin
esperanza.
Fuiste
animal velado por la noche tu
luz no
fue sino tiesa porción de lluvia
donde
ha quedado sepultado tu nombre
cualquier
nombre con tus innumerables
rostros
aun me persiguen y no
importando
el huso de horario donde me
retraigo
extiendo mis alas como las
agujas
del reloj marcan las horas
dentro
de las cajas los árboles y los
peces
nada tiene en común el
escalpelo
es la única cosa divina que divide.
Escribo
cuando voy cayendo
esto es
imposible porque
ni voy
cayendo ni escribo
sobre
una imagen que aun conservo
en la
semilla del espejo
en ese
brote incipiente y tierno
del
futuro abedul que será una barca
lleno
de días interminables
con sus
tigras vestidas de venado
de
rostros adolescentes
cuyos
nombres cambian como mascaras
y
avanzan en la sangre de la espada.
Escribo
con el dedo de la roca del deseo
sobre
el rostro de fuego tatúo columnas de serpientes
uñas de
águila aguijón de escorpión
y el
vapor que deja la luna
en mis
ojos
me deja
ver enredaderas de gestos
fusilados
en diciembre
es
basalto la metralla que se
incrusta
en los dedos
es la
palabra duda que acribilla
y rasga
el cielo de la noche
duda-cuchillo
duda-flecha
duda-bala
así es
la escritura-veneno
espiga
de granada
cemento
duro donde el encuentro
del
rostro se hace doloroso y no
es
pasajero
es como
un fantasma que vive en el
muro
son
años escondidos entre los ladrillos.
Solo frente
a mi nada es algo
es el
rescate de una pesadilla imaginada
es una
noche mal esculpida y no terminada
es
levantar las palabras que se fugaron
bajo la
puerta sabor manzana
es un
horario que mi reloj no comprende
aun y
del todo
es como
un asesino carnicero
que no
hace nada.
Coyoacan
se ha salido de mis manos
deambula
sin sabor de lo vivido
ciego
por la noche por la sangre que me nubla
se
aflojan los días acumulados
se
vacían en su tiempo y se cierra
el
abanico de posibilidades
y esto
en un instante en un parpadeo
del
largo bostezo que tiene la noche
que
amenaza con puño cerrado de rabia
y se
derrama en raíces que cubren
todos
los pájaros que viven en las ramas
y los
que aun sobreviven dentro de mis
venas.