Lo que sale de la boca
es una sed que no alumbra
tiene un brillo insuficiente
de arena.
Cerrar los ojos en el preciso grito
que sale de tu nombre
muro de arena derramada e interminable
enorme acantilado de la costa
donde el agua y su orilla marean.
Rayo que llega a la diestra
sombras que la transparentan.
Grite a todos los mapas
tatuados del cuello a la rodilla
escandalice al gato en el oído
hasta que se le cayó el pelo de sordo
al agua fría que se te pega al sombrero
al témpano de fuego
bajo la camisa
a la palabra siempre
que siempre es siempre
aun cuando se desvista.
Le grite
al colmillo del pájaro
y a su sangre de amapola
a todas esas cosas
voladoras sin pescuezo
al peñasco solitario
lleno de miedo
al olvido
hasta el cansancio.
Grite a la ventilación del techo
al esqueleto insoportable
que sostiene el viento
al corredor de fondo
al caminador de falda
a la noche diluyente de la sombra brava.
Grito para no correr.
Le grite al muro
que cese de desmoronarse
en ese interminable flujo
de caer y caer
y nunca caerse
que habitualmente tiene la locura
al suspenso que suspende
le grito a tus ojos que dejen de verme
pero también les grito para que me vean
a tu oído para que no escuches
y mas alzo la voz para que me entiendas
le grito también a la venda
que te cubre la herida
a los labios que tiemblan
mas de miedo que de llanto
le vocifero al corazón
para que se detenga
al vidrio que de tanto que te mira
se transparenta
a tu puerta para derribarla
al escandaloso ruido hormonal
que me causa tu mano
sobre la cabellera
le bramo a la ceniza
a la bruma
para que desaparezca.
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