En esta cama
que del sueño persiste
nacen amalgamas de cruceros atracados
en este puerto
que tengo por ombligo.
Onírica realidad sobre sabanas
cabeza que se queda a la postre
sin cuerpo
se queda inhabitable
entre tanto y tantos pliegues
busca entre los surcos tu sordera
ojos desorbitados que se fruncen
y no te encuentran.
Mi mano busca la tercera dimensión
de tu silueta
aprieta gime tienta
solo para encontrar
la fría oscuridad de la mordaza.
El brazo se resiste a no creerle
lanza su más temible tarascada
arranca de un solo tajo
el aullido sangrante de la nada.
El pecho estalla en ese tamiz
que forma la luz a través de esa ventana
galopa salta fornica en el aire
huele tu ausencia y en ese olor se aloja
pierde la razón cuando el solo
empieza a arrancarse las costillas.
La pierna escarba en las almohadas
buscando el tesoro que se perdió anoche
danzan bailes de horror y espanto
nada la detiene ni la calma
ni el hacha blanda que una vez le hirió
y que aun anida en su único diente.
Solo la pelvis tranquila y ajena
ve con temor y rubor lo que acontece
es la única que sabe como pitonisa
que regresaras a verle
a ese rio fortuito de caricias marrón
que es color del otoño y de tus ojos
para calentar sus hojas de hielo
que aun a esa edad no se derriten
para avivar el fuego escondido
bajo la espesa nieve
aliviando la herida que tiene la tierra
cuando no bebe agua suficiente.
El sueño por fin se desvanece
la alarma alerta a los sentidos.
Ya
amanece.
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