La nave que cargo
es
toda
la sal que poseo.
Zurzo
al aire todos los recuerdos
y
objetos antiguos
así
como heridas pequeñas
y
tempestades cámbricas
que
duermen en la piel
inocentemente.
Ya
no tengo quimeras.
Los
sueños asilados remanentes
los
empeñé en el camino recorrido.
Ahora
lo que han florecido
son
las fantasías
de
todo un niño.
Soy
carne en el horno
que
se cocina
garganta
que saliva
cuerpo
que finge ser ave.
Un
bosque inunda mis rincones
vive
en el comedor como frutero
finge
ser florero en la sala
sus
polvos son semillas
que
arroja con escandalosa armonía.
La
carne húmeda
y
su ateísimo recuerdo
ilumina
incrédula
los
latidos y parpadeos
insistentes
del insomnio.
Son
los resquicios de un sueño
que
olvide hipotecar.
Mi
retina soñó con un rayo
que
le quemo los ojos.
Me
disminuyo
cuando
mi aliento cae.
Soy
yo diluyéndome
en
el peso de tu rostro.
Grito
que esparzo
sobre el polvo torcido.
Escucho
a mi silencio
que
en silencio
trata
de decirme algo
cómo
desnudo dios
temblor
pila
bautismal lodo elemento
mudo
balbucea
hace ademanes
me
quedo con lo que entiendo
nada
su
olor es un animal que bebe
al
margen de mi cuerpo.
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