jueves, 12 de mayo de 2016

211



I
Apenas despunto el horizonte
toque el mullido último de los sentidos
roce leve el cordón de la alborada
acaso soñé que palpe la primigenia cabellera de una estrella
esa que nos vio tanta veces caminar bajo su sombra
bajo su lluvia de efímeras miradas
y que al borde del acantilado te visita
en ese margen petrificado de la sangre.

Trepe por el ramaje centinela que le cubre
asiéndome de los copos de nieve derretida
manjares exquisitos de los dioses.
Bebí de su copa el rocío primerizo que le admira
de sus fugaces redes de su ensamble que domina
ese que posa primero antes del rayo venidero
el que anuncia en sórdido festejo la llegad del invierno.

Esto
es lo único que el bosque permitió hacerle.



II
Hubiera bastado dormir bajo su sombra
regocijar la piel en su musgo verdadero
herirme en su sonrisa de su humedad mas lenta
hundir en su raíz de niebla que no envejece
el mas básico elemento de la vida
dejar que mi rostro cobrara potencia
restregándolo suave en su corteza.

Aun en resistencia
mis manos lograron sentir el humus delirante
violento y vaporoso
que se esconde tras sus ojos
que se encuentran bajo hojas tiradas del camino
preciosos diamantes de otoño de que castiga
y se por el brillo fulgurante que desprenden

que aun están fuerte frescos y vigorosos.

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