En el borde
más ancho del bosque
ocurre niebla plomiza
al ras de los ojos.
Una alfombra de musgo
escarlata
lo cubre todo
árboles del color de la pena
se instalan en sus rostros.
Sigo atrapado en el lodo
que deja la lluvia
en la vera del camino.
El precipitado
impide el llanto.
La frialdad de las piedras
me llena de espasmos.
Son tan inmóviles
que se dejan golpear.
Camino con dificultad
sobre el musgo.
Corre sangre.
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