viernes, 27 de julio de 2018

ALDANELLA


ALDANELLA

I
No me hagas comer
más de tu nombre

porque antes de pronunciarlo
bajo los molares
la armadura salada
que flota en tu vientre
restablecerá el suborden
de mariposas cámbricas
y cefalópodos marinos
en las criptas abismales
de mi estómago nocturno.

Sé tu nombre

el escudo sanguíneo
que de repente sale
a recorrer las calles
hace que la herida
gima en mil colores
por la tarde.

II   
No puedo herirte con los dientes
de hierros retorcidos
que le brotan a las carrocerías
y recorren el espacio
que hay entre el muslo
y su dentellada
a velocidad del dolor
haciendo que la carne
aullé en una herida
luminosa como lumbre

III 
No puedo morder
el hueso de tu nombre  
blanco cálcico
tronante bajo la presión
de la palabra encía

un humo risible sale del roce
entre el diente y el húmero

tibio estremecimiento
que nos revuelca
en la profunda arena
vibrante de tu cuerpo

IV    
Vi tus huesos
al borde del dolor
arena negra
envejecida
cálcicamente hablando

te habías ido
y los rumores de aquel
estallido de furia
donde los dedos perdieron
la cordura
al tocar la orilla
del mar que llega
a dormir
en el margen donde vi
tus huesos

es lluvia que golpea
desde lejos
y evita el polvo

del ayer.

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