ALDANELLA
I
No me hagas comer
más de tu nombre
porque antes de pronunciarlo
bajo los molares
la armadura salada
que flota en tu vientre
restablecerá el suborden
de mariposas cámbricas
y cefalópodos marinos
en las criptas abismales
de mi estómago nocturno.
Sé tu nombre
el escudo sanguíneo
que de repente sale
a recorrer las calles
hace que la herida
gima en mil colores
por la tarde.
II
No puedo herirte con los
dientes
de hierros retorcidos
que le brotan a las
carrocerías
y recorren el espacio
que hay entre el muslo
y su dentellada
a velocidad del dolor
haciendo que la carne
aullé en una herida
luminosa como lumbre
III
No puedo morder
el hueso de tu nombre
blanco cálcico
tronante bajo la presión
de la palabra encía
un humo risible sale del
roce
entre el diente y el húmero
tibio estremecimiento
que nos revuelca
en la profunda arena
vibrante de tu cuerpo
IV
Vi tus huesos
al borde del dolor
arena negra
envejecida
cálcicamente hablando
te habías ido
y los rumores de aquel
estallido de furia
donde los dedos perdieron
la cordura
al tocar la orilla
del mar que llega
a dormir
en el margen donde vi
tus huesos
es lluvia que golpea
desde lejos
y evita el polvo
del ayer.
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