Sueño a veces
con un país sin color magenta
sin rostros ávidos de comida
y manos vacías.
Lo sueño sin despojos
arrojados al pie de monumentos
sin esos brazos sin cuerpos
o de tórax divorciados de sus
piernas.
Pero un ojo se abre
y escucha palmadas de martirio
del hierro sobre el bronce
de la pólvora y la ojiva
y su velocidad de infierno
que todo lo reduce
a masa
a sangre
a tierra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario