viernes, 25 de abril de 2014

LIVIA



Las manos
agujeradas por el tiempo
deslizan las cenizas inermes
de lo que resta del hombre
que viste ayer
y nunca fuiste a despedir.

Quien toco tus paredes
que han sido siempre suyas
o mas o menos
los miércoles por la tarde
sin olvidar los roces
que los viernes te decía
al oído.

No permitías que viajara
mas allá de esa parte
de tu cuerpo
por temor a perderlo
y que no lograra encontrar
el camino de regreso.

Te sigue esperando
para decirte
aun el adiós efímero que guarda
en esa parte del tiempo
en donde nunca recuerda
haberte visto como hasta hoy.





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