Las
manos
agujeradas
por el tiempo
deslizan
las cenizas inermes
de
lo que resta del hombre
que
viste ayer
y
nunca fuiste a despedir.
Quien
toco tus paredes
que
han sido siempre suyas
o
mas o menos
los
miércoles por la tarde
sin
olvidar los roces
que
los viernes te decía
al
oído.
No
permitías que viajara
mas
allá de esa parte
de
tu cuerpo
por
temor a perderlo
y
que no lograra encontrar
el
camino de regreso.
Te
sigue esperando
para
decirte
aun
el adiós efímero que guarda
en
esa parte del tiempo
en
donde nunca recuerda
haberte
visto como hasta hoy.
No hay comentarios:
Publicar un comentario