miércoles, 13 de julio de 2011

Que fácil es estar
sin olvidos
asperjados por la sala.
Real la vida
que te suelta palomas en la cara
como una neblina llena de burbujas
te atraviesa una nieve amarga
la garganta
arrastrándola desde tu compleja niñez
escurrida
y sabes que no hay vacunas sonoras
que te aminoren o eviten el grito
por las noches sobre este piso tuyo
que tantos conoce y almacena
ya.

Las paredes exteriores
que te protegen como país
son rugosas y frías
nada agradables en tu interior
imagen que llevo como escamas
y es indescifrable
treinta años a
aunque a la bruma se le haga tarde
atraviese los recuerdos
los derrumbe
no habrá argumento ante ese
biombo del olvido.

El espejo inconfeso
sabe que de necio se repite
y no hay mas cosa osada
que esto.

No te veo atrás de mis cataratas
en un acto de constricción sin fe.
Mis anteojos se han hecho añicos
a la vieja usanza y bajo mi zapato
delirantes pedazos de vidrio
se comportan como la trivial
basura ensimismada
y el cielo no perdona por qué no
sabe nada.

Así en la noche
que va con la cabeza cortada
parte de sus uñas en los bolsillo
los ojos sin gafas no ven nada.

La fogata en medio del bosque
significa
cacería abandonada.

Me clavo en el primer pino
que encuentro
de este bosque embravecido.
Me detengo
de mi boca sale savia
tengo uñas que son cortezas
y a mis raíces les pongo calcetines
(el frio de la noche
y el agua helada
me entorpecen el habla
solo se escucha mi susurro
de hojas bañadas).

Ahora broto repentino
en ese ruido roto del aleteo
de torcazas
que es cosa insignificante
la palabra libertad
siendo que un adiós no es despedida
haciendo esto de pronto el día me resuena
como ceniza que toca su campana.

Es verdad
la soledad no busca compañía
y debe de elegir entre nunca estar solo
o estar sin nadie.
Los tiempos cambian
el tabaco en el espejo ya no es el mismo
es sequedad que mortifica
es humo pronunciado en cada cumpleaños
su propio lustro
y no es que se haya averiado sus oídos
ni que la calvicie haya conquistado
sus entrañas
o parte de mi cuerpo
es solo cuestión de exhumar
de lo más profundo del cuello
los recuerdos dormidos.

Y tampoco es para tanto
huir despavoridos
montarse en el alarido tierno
que provoca el copo al caer sobre el espejo
o querer quemar el precipicio
irse emparejando levemente
a la orilla del respiro.

De mi conducta ni hablo
estoy en desequilibrio
menciono el dolor en el espejo
y lo que puede el vaivén
de dos hombros femeninos
hablo también del jadeo incansable
del mediodía
de aquel trozo de una mirada
que no llego a visitarme
y de aquel tango que se quedo esperando
con sus cromosomas hechos monosílabos
y el bandoneón que se suicida
atorándose en una alcantarilla.

No
ya no es como antes
ahora las alarmas brillan en su ausencia
el olvido se maneja a control remoto
y no es posible reconocer un buen carajo
ni un abrazo atiborrado de metralla
o a un kamikaze con una buena noticia
bajo el brazo.

Ya no es posible reconocer los rostros
que sin embargo
y también la lluvia que salió a vacacionar
todo el verano
y las mangas que no se ven en el espejo
no hay heridas sin pan
ni tasajo sin tortillas
ya no hay dioses.

En el límite de todos los poemas
escrito e imaginados
se encuentra una alcancía de minutos
que están locos asediando a su propio
destino
nadie les ha comunicado
que los poemas no dan cambio.

Solo el espejo
sabe de las conquistas
y de la otra patria
sin abreviaturas y escrutinios
y también sabe de ese rincón
(que no puedo ignorar)
ese donde han dormido
sin rostro sin manos
pero con toda su piel y su aire
mis fantasmas
que ya llegaron.

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