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Y después de ti
Helsinki ya no fue lo mismo.
Te espere en aquella estación
escrito en ese idioma de rascarse la cabeza
apenas pronunciable
detestable la banca fría
el viento con rasgos helados
murmuraba junto a la escarcha
echa de madera sobre el pasto
que no regresarías.
No tuve motivos para conjugarte
y te conjunté en el tiempo fuego
luego en el pasado lluvia
futurice en tu frente
tus arrugas
y las pretéritas canas
en tus sienes.
Uno a uno fue tu presente
y de repente se hicieron
pasado y futuro
sin que notaras lo que crecieron.
Pero yo nunca te hable de Caleb
y cuando lo hiciste
ya estaba en tus brazos.
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