jueves, 9 de agosto de 2012

LLAMAR


LLAMAR (Daphne 6)

Te he llamado

todas mis señales están en rojo.



Un color hecho de cesárea

atraviesa la garganta.



Te nombro en los mares

en el grito del trueno

vocifero en el hueco

que me deja el hoy

en lo profundo.



Nadie te llama

nadie

pero lo sigo haciendo.



Nadie te busca

nadie

y parto de tu lunar en el rostro

hasta perderme

en la selva cornea de tu vientre.



Al llamarte Daphne

es como nombrar

todas las rocas del río

por su nombre.



Estoy muriendo

lo sé

de a poco

cada muerto

cada instante

como el mazo que causa confesión

sobre las verdad de las piernas

todo en un certero y fatal golpe.

Fuete que grita

en el calor de la piel

todas sus mentiras y verdades.



Te nombro de mil maneras

sin que el rojo me detenga

o tintinee siquiera.



Te busco en el mar

que es tu mismo nombre

hoguera salina

escultura de agua

altar de arena.



Te nombro

y una cicatriz nace

en el dedo que me apunta.

Su uña

es un cielo lleno de huracanes.



Los huesos de las rocas

nos han dicho

toca el corazón con la palabra

no avances descalzo

en la ceniza

lava tu cara

con agua mala

devora la carnada

como antes devoraste la mía

se el pez en el anzuelo

y vístete de escamas.



Ahora

ahora te sigo llamando

Daphne

despidiendo al verano que se aleja.



No puedo dispararme

el otoño me protege

de ese rencoroso colmillo

que es el frío.



No puedo dispararme

el arma está cargada de martirio

es una bala

es Daphne

y no puedo dispararme.

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