LLAMAR (Daphne 6)
Te he llamado
todas mis señales están en rojo.
Un color hecho de cesárea
atraviesa la garganta.
Te nombro en los mares
en el grito del trueno
vocifero en el hueco
que me deja el hoy
en lo profundo.
Nadie te llama
nadie
pero lo sigo haciendo.
Nadie te busca
nadie
y parto de tu lunar en el rostro
hasta perderme
en la selva cornea de tu vientre.
Al llamarte Daphne
es como nombrar
todas las rocas del río
por su nombre.
Estoy muriendo
lo sé
de a poco
cada muerto
cada instante
como el mazo que causa confesión
sobre las verdad de las piernas
todo en un certero y fatal golpe.
Fuete que grita
en el calor de la piel
todas sus mentiras y verdades.
Te nombro de mil maneras
sin que el rojo me detenga
o tintinee siquiera.
Te busco en el mar
que es tu mismo nombre
hoguera salina
escultura de agua
altar de arena.
Te nombro
y una cicatriz nace
en el dedo que me apunta.
Su uña
es un cielo lleno de huracanes.
Los huesos de las rocas
nos han dicho
toca el corazón con la palabra
no avances descalzo
en la ceniza
lava tu cara
con agua mala
devora la carnada
como antes devoraste la mía
se el pez en el anzuelo
y vístete de escamas.
Ahora
ahora te sigo llamando
Daphne
despidiendo al verano que se aleja.
No puedo dispararme
el otoño me protege
de ese rencoroso colmillo
que es el frío.
No puedo dispararme
el arma está cargada de martirio
es una bala
es Daphne
y no puedo dispararme.
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