Lorna
llévame constante
a esa casa hambrienta que siempre nos persigue
y que terminamos
saciándonos en ella.
Reintégrame
colócandome en tu muro
veme a tráves de tu ventana
hazme pintar en algún cuadro de tu sala
no hagas detenerme en el quicio de tu piel tórrida
de tu piel quemada
trasládame a tus manos incandescentes
que me quitan el frío.
Átame
al bosque de tus deseos para no trastornarme
por el canto de tu corteza febril
que entona llamas
y lanza bastos improperios de sensualidad y erotismo
gemidos brama.
Haz con tu lengua una barcaza.
Guíame
a las cataratas exquisitas de rocíos
donde nacen tus muslos
donde termina tu espalda
todo es uno
y es el mismo destino.
Súrcame en tus manos de mar
trátame como pez que se guía
por el olor a sal.
Ábreme más la herida abismal
siembra en ella restos lunares
que no alcance a contar.
Regrésame.
Enverdecer solo no puedo
en esta salobre soledad
que se hace polvo en mis mejillas.
Hazme un camino
entre eucaliptos y sabinos
para llegar al final
del arcoíris de tu ombligo.
Transfórmate
en esa piel que se eriza
cada vez que le suspiro.
Moldéame
en corriente de plumas placenteras.
Hazme volar como olas
que caen constantemente.
Conviérteme en ficus
para cantarle al cristal de tu sonrisa.
Viérteme en ajuar
torcaza
piedra
lanza
espiga
bala
hazme mojar
con las hojas de otoño que salen de tus ojos.
Escríbeme insaciable
en la piedra cáliza de mi piel.
Atrápame
y hazle caso a tu mirada.
Hiéreme sensual
en tu carne ataviada del viento negro de la noche.
No hay comentarios:
Publicar un comentario