Un día
-el que dijiste: ya no seré-
todos tus perros se soltaron
e iban mascullando
palabras raras en idioma conocido
tirándole mordiscos a la luna
De repente tu sol
fue un satélite existente entre nosotros
Tu mirada
veia con ojos ajenos
objetos invisibles
señalando decías: mira
Hablabas a los ocho vientos
e iniciabas largos monólogos
con tu cabellera
que un tiempo acá
se volvió rebelde
Te hartaste
del ruido que hacían
tus articulaciones
cuando te levantabas
Te hartaste
del albedrío de tu piel
de que tus pies viajantes
no te obedecieran
y nunca se cansaban
de tus ojos
que se iban con cualquier
pedazo de animal que se encontraban
Decides no esperar
mas al tren que nunca llegaría
-y lo sabías-
en esa estación imaginaria
en la que vives
Y no esperaste
Es hora que no encuentro
a varios de tus perros
que se quedaron en mi
y no supieron el camino
de regreso a casa.
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