domingo, 11 de septiembre de 2011

NADIA



Nadia
no sabia como te llamabas
quien eras
y ya tu citadino nombre
desnudo
me estaba gritando en la cara.

Confieso
me desdoble
en el absurdo campo de tus muslos
que habitaban bajo tu falda.

Me hice piedra en mi coraje
y crují en el remolino
de palabras que incluían
todos los polvos
que impregnan los olvidos
antes que sucedan las acciones.

Ya tu nombre dejo de mencionar
     abismos y meridianos
     oscuridades y muros
pero ahora
no debo dejar que me arrodille
e inicio a sudar todos los martirios
que se han acumulado
en el calendario.

Nadia
tu vestido rojo al vuelo
es un aeropuerto
de muchas posibilidades.

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