Las humedades
saben a un adiós enrarecido
a pesar de su caligrafía
siguen siendo ilegibles
el rumor enfebrecido
disuelve el salitre
que deja el aire
de quien las lee.
No pasan de tres
centímetros los adioses que dejas
todos tus vocablos
los tengo en estos nidos de pájaros
que sembraste
no dan frutos ni huevos ni aves
son flores marchitas
viviendo a contrapelo
en el pétalo sombrío
que no coseche por miedo.
No ha caducado aún su tiempo
pero es la hora infeliz
que no puedo.
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