Cruzo los días
vacíos
como quien intenta
atravesar a nado
un río caudaloso
de espinas
lleno de canoas
alocadas
y cadáveres que
respiran.
Amanece ensayando
mi
escritura-tatuaje
en tu piel
y a distancia.
Tu carne que corre
en el bosque
la lluvia que
arrecia
para lavar el
pecado
de encontrarnos
nuevamente.
No hay fotos
es lo triste.
A lo lejos y en
silencio
guardamos los
adioses
que nos dimos.
Aquella vez
caminamos
sobre el asfalto
gris y con hoyuelos
imaginamos que era
una playa
y desnudos.
Hoy no puedo dejar
de pensar en la
plaza
y su banca
donde fingías
dormir
y la lluvia
arriba.
En tí estuve
y en tus ojos
que quieren ver el
mar
como un último
deseo.
Yo solo quiero
cruzar
los días
caudalosos como ríos
sin que me
arrastre consigo
un cadáver
que bien puede ser
el mío.
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