El mar de pájaros nocturnos
donde la nave quedo expuesta
a los cantos
su quilla desnuda
de huesos
las velas se suicidan en la proa.
Encallo mis manos
en tus senos
la vista se pierde tierra adentro
oteo la madre-selva
en tu pelo.
El ancla cae con todo su peso
al fondo
la arena deja escapar
su grito lastimero
retorciéndose en su limo
dormido.
Dos tornados
en la misma proa
no hay manera
de que el alba los sorprenda
boquiabiertos.
Veremos desde aquí
mástil de carne
abatida
vela desgarrada
por un rayo
un amanecer maravilloso
el despertar del pájaro de fuego.
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