jueves, 6 de septiembre de 2012

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El bosque se dilata
su cóncavo recuerdo me domina.

He visto la materia
alada en tus ojos
la que vuela
la que triste
en la orilla de mi cuerpo
bebe.

Es una silla rota
la que está conmigo.

Es una hormiga
la que irrepetiblemente se repite
en mujer
cuando hay sonido.

Te reiteras    insistes    reincides    duplicas
en tu forma
no hay manera de detenerte
no sé qué hacer con tantas
formas palpitantes
que a cada rato salen
de las manos.

Doy por humedad
toda la saliva que dejas
colgando en mi rostro
y se prolonga a la cocina
a la calle
a donde vayamos
es un fuego que no vaporiza
a pesar del sol sofocante
que pega en la tarde.

Te he repetido
cientos de veces
al borde del abismo ocular
en el espejo que me sucede
en el trapo sucio de la cocina
en el parabrisas lleno de suciedad
de paloma consagrada
y ni eso me calma.

Veo en tu repetición
el absurdo
la concatenación de los espejos
la copulación de la palabras.

Veo también
la hora certera de la horca
la unción de la cama
con dos cuerpos.

Quemo los nombres
con incienso.

Existe una brújula dentro
que no entiende
créeme cuando te digo
que esto hierve.

La luz indecisa que sale
torpemente del sol
llega y me inunda
no ilumina porque mantengo
los ojos cerrados
y todo sigue siendo
sombras sucias
noche desnuda
solo el ruido de las olas
me adormece.

Es un aventar de ondas de agua
una a una
en repetición constante
que nada las detiene.

Descendí al fruto
que fue roto antes
por otro.

Rehilete desmembrado
que tiene compostura.

Escultura que con lluvia
madura y toma dureza.

Busto sin llama escandalosa
que entibia la boca del sediento.

Te repito
como un eco encadenado
que termina
en nunca.


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